miércoles, 13 de septiembre de 2017

Noche


Allá fuera está oscuro;
anochece tan pronto,
casi sin darme cuenta.
Me envuelve, callada,
como suaves alas negras,
la noche, y yo
me abandono a su abrazo
en ausencia del tuyo.



domingo, 10 de septiembre de 2017

Baraja



No me conformo;
no dejo que el azar o el que el Destino
me repartan las cartas.
Quiero, al menos, ser yo la que corte;
intentar barajarlas,
y levantar castillos,
guardarme los ases en la manga.

A veces, para ganar el solitario
hay que hacer trampas.


(Frédéric Bazille, La Tireuse de cartes, c.1869-1870. Óleo sobre lienzo)

sábado, 9 de septiembre de 2017

Chocolate


Yo no soy dulce.
Yo soy el chocolate amargo, 
ese que se mastica 
haciendo una mueca;
ese que consuela,
eleva el ánimo
y caldea el corazón.

.



jueves, 24 de agosto de 2017

Déjà vu


Si hubiéramos caminado juntos,
¿cómo serían los recuerdos?
Si me hubieses visto en aquel entonces,
¿qué seríamos el uno para el otro ahora?
De nuestro primer encuentro
aún me queda, como grabada a fuego,
esa mezcla de esperanza y certeza,
como un déjà vu,
que provoca el amor a primera vista.


domingo, 30 de julio de 2017

La gata


Más que la oveja negra,
borrego al fin y al cabo,
si pudiera elegir,
yo hubiera preferido
ser el lobo.
Pero, en el fondo,
sólo soy una gata,
desapegada y cobarde,
que se enrosca y ronronea
en un rayo de sol.

jueves, 6 de julio de 2017

Brisa

(John  Salminen - Breeze)

En mi sueño
camino, sola, 
y la brisa 
mueve las ramas,
y me envuelve
como tu abrazo.

lunes, 3 de julio de 2017

Océano



Bajo esta fachada, 
una simple ilusión,
hay un océano embravecido,
que se levanta en olas y mareas
al compás de la luna,
y al deseo de tu nombre.
Un océano en calma,
a veces,
que se asoma en mis ojos.

jueves, 22 de junio de 2017

Las vueltas de la vida


Otro giro,
y ha vuelto el verano,
y algunas cosas ya no son lo mismo.
Sólo yo sigo la misma,
mientras, a mi alrededor
se suceden, dando vueltas,
las estaciones
y se pierden
recuerdos y tornillos.

lunes, 19 de junio de 2017

El tesoro



La noche invernal se había cerrado sobre la posada, cercada por la nieve, y los pocos huéspedes que albergaba se agruparon alrededor del hermoso fuego que el posadero mantenía en la chimenea, después de la cena. Hubo unos minutos de incómodo silencio, en el que, sobre el crepitar de las llamas, se sobrepuso el lejano aullido de los lobos, que hizo estremecer los ánimos de la mayoría de los presentes. Tan sólo un joven, que permanecía un tanto apartado de los demás, pareció mantener el humor y levantó la voz para pedir que se sirvieran unas bebidas.
- Esto parece un velatorio de aldea, - dijo al posadero que le servía un vaso de licor, y éste se echó a reír.
- Joven, parece usted un hombre de mundo, quizás quiera espantar los temores de estos pobres campesinos con alguna historia que haya aprendido en sus viajes... 
Si creía que con aquella burla velada iba a provocar un sentimiento de vergüenza en el otro hombre, se equivocaba: el viajero sonrió de forma torcida, se arrellanó en la butaca y sin mirar a nadie en particular comenzó su relato.
- Pues verán, hubo una vez, en un país muy lejano, un pobre campesino que tenía tres hijos. Los dos mayores eran buenos trabajadores, personas decentes y honradas. En cambio, el más pequeño era un truhán, bueno para nada, que daba mil dolores de cabeza a su padre con su comportamiento. 
Un día, el campesino, que trabajaba abriendo un pozo en un campo ajeno, descubrió un tesoro enterrado en el suelo. Sin decir nada a nadie, ni siquiera a sus hijos, vendió todo lo que tenía y compró aquel campo a su vecino. Como era un hombre prudente, mantuvo el tesoro escondido durante mucho tiempo, esperando dar a sus hijos un beneficio que de otra forma no hubiera podido. En fin, que fue pasando el tiempo y un día, repentinamente, el campesino se sintió muy enfermo, tanto que no duró una semana. En su lecho de muerte, llamó a los hijos y les comunicó el paradero del tesoro, exhortándoles para que no fuera causa de rencillas entre ellos, sino una auténtica bendición que les aportara felicidad una vez repartido. Luego falleció, contento de dejarles una herencia más importante que la que hubiera podido conseguir con su trabajo, fue enterrado y se le guardó luto durante unos días.
Pasado ese tiempo, los tres hijos desenterraron el tesoro y lo llevaron a casa con la precaución de no ser vistos. A la vista de las hermosas monedas de oro, acuñadas con la cabeza de un emperador, se les nublaron los ojos y se les aceleró el corazón. Pero no perdieron la compostura: lo escondieron en un hueco del suelo y decidieron que lo repartirían cuando cesaran las visitas de pésame que aún les hacían los vecinos.
Así que se fueron a dormir tranquilos y cada uno soñó con las cosas en las iba a emplear su parte de la herencia. Fue una noche dichosa, pero el amanecer acabó con todos aquellos sueños: cuando se levantaron para ir a trabajar, los dos hermanos mayores descubrieron que las tablas del suelo habían sido removidas y el tesoro robado y el hermano más joven había desaparecido.

El narrador se interrumpió y apuró su bebida, como si hablar tanto le hubiera dado más sed. El posadero fue a servirle de nuevo, pero él rehusó con un gesto y se puso en pie. El resto de huéspedes le miró con asombro al ver que daba las buenas noches y hacía intención de dirigirse a su habitación.
- Un momento, - le reclamó el dueño de la hostería, - ¿esa es toda la historia? ¿Donde está la moraleja? 
El otro le miró, realmente perplejo.
- ¿Moraleja? ¿Es que tiene que tener una moraleja? - preguntó a su vez, y al no obtener respuesta continuó su camino.

Al día siguiente, los huéspedes se reunieron de nuevo en el comedor de la posada para tomar el desayuno y seguir su camino, y descubrieron que el joven que había contado la extraña historia no se encontraba entre ellos. Con curiosidad, preguntaron al posadero qué había sido de él y el hombre no pudo evitar sonreír.
- Pues verán, al final la historia sí tenía una moraleja. Se ha marchado esta mañana, muy temprano, casi furtivamente. Y ha pagado con una moneda de oro.

sábado, 17 de junio de 2017

Cumpleaños



Empiezo un nuevo año
apretando los dientes,
la cabeza en las nubes
pero pisando el suelo.
Mi corazón, perdido,
una barca en la niebla,
sin timón que lo guíe
anhelando tu puerto.

viernes, 16 de junio de 2017

Limbo

(Ilustración: Christian Schloe)

Estoy ahí, colgando
entre el vacío y el suelo,
con los ojos cerrados,
temiendo
que, si me decido,
si me muevo siquiera,
esta esperanza infundada
desaparecerá para siempre.

sábado, 10 de junio de 2017

Si...



A veces, sólo a veces,
y siempre brevemente
pienso en lo que sería
si hubiera sido distinta,
si, al sumar aciertos y errores,
la cifra resultante
me hubiera hecho ser otra.
Si te estaría amando
como creo que te amo.
Si hubiera amado como amé,
entregando mi corazón
como un ave en manos extrañas,
un ave que palpita mientras la sujetan
pero busca por instinto otros cielos.
Quizás es lo último que pienso al dormirme,
y quizás lo primero que me trae la mañana.
Quizás debería empezar a cambiar,
pero, en el fondo, me gusta
este yo que he creado.

viernes, 2 de junio de 2017

Junio


Corren los días.
Como las hojas en otoño
caen las del calendario,
y yo deshojo
la margarita de junio
esperando el día
en que me digas "Sí".

martes, 23 de mayo de 2017

Ofrenda



Quisiera haberte ofrecido
el yo de mis veinte años,
aquel que despertó a la vida,
como la Bella Durmiente,
desperezándose como un gato.
Quisiera haberte entregado
los días de mi juventud,
el primer amor y el primer beso.
(Es que fui una flor tardía,
con pétalos en la cabeza 
cuando otras eran ya albaricoques).
Quisiera darte el tiempo que me queda
y tomar el que tienes.
Yo lo guardaría, como una joya preciosa,
y te mimaría y te haría feliz,
y te haría enfadar, a veces,
por el placer de reconciliarnos.
Quisiera ser tu tipo, 
y que en tus ojos brillaran chispas
al mirarme.

domingo, 21 de mayo de 2017

Domingo por la tarde


La taza, vacía,
aún conserva un poso.
Sube
el humo,
evanescente,
azul,
desde el cenicero.
Hay un libro,
abierto, 
olvidado
boca abajo
en el suelo.
El cielo,
tormentoso,
me recuerda su mirada.






viernes, 19 de mayo de 2017

Olvido



Las palabras que dije,
y aquellos sentimientos,
el miedo, la nostalgia 
y hasta el mismo deseo:
los pétalos que el aire
tira de los ciruelos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

La Primavera y los cerezos.


"Quiero hacer contigo 
lo que la primavera hace con los cerezos"

(Pablo Neruda. Poema XIV)

Podemos pensar que la Primavera hace florecer los cerezos, y ya. Pero no es así. La Primavera, esa estación impredecible, el tiempo del caos, también arranca las flores, hace volar los pétalos, no siempre dulcemente como en los hanami, cuando caen, suaves, etéreos, sobre las tazas de sake tibio, al menos en la imaginación de quien nunca ha estado presente en uno. No, el viento primaveral azota las ramas floridas y despoja a los cerezos de su dulce aroma. Los pétalos son arrastrados al suelo, donde se confunden con el barro y son hollados por los que pasan, y mueren y desaparecen.

Pero la flor que permanece en el árbol es la que da, al final, un dulce fruto.


(Hanami 花見, literalmente "ver flores", es la tradición japonesa de ir a ver los cerezos floridos, lo que sirve de excusa no sólo para pasear sino para celebrar un picnic bajo las ramas en el que no puede faltar el alcohol)

miércoles, 26 de abril de 2017

Reflejo



Paso, furtivamente,
frente al espejo,
porque, sin duda,
la imagen reflejada
me mirará de vuelta,
despreciativa,
como diciendo: 
"Cobarde"





lunes, 24 de abril de 2017

La gata



La punta de tus dedos
en mis orejas, 
y a lo largo
de mi cuello.
Quiero dormirme,
enroscada,
cálidamente
en tu regazo.

sábado, 22 de abril de 2017

Tristeza



La verdad, lo más triste
no es que esté yo aquí 
pensándote,
echándote de menos
sin haberte tenido.
Lo más triste
no es que tú no me veas
aunque yo esté delante.
Lo más triste de todo,
cuando alguien te ama,
es que tú no lo sepas.

martes, 18 de abril de 2017

17 años


Dejo caer mi rostro
sobre los brazos,
y susurro tu nombre.
El mismo sentimiento,
exactamente igual
que hace tanto tiempo,
cuando no te conocía 
y era tan joven.

Capricho



Llámalo capricho,
yo diré necesidad.
Lo que escondo,
lo que muestro.
Lo que busco.
Lo que encuentro.
Todo
cuanto quiero en mi mundo
está en ti.


jueves, 13 de abril de 2017

Secreto


Antes de darme cuenta
ya lo había dicho.
Mi secreto.
Y me he reído,
por fin,
de ti y de mí misma.

lunes, 10 de abril de 2017

Fortuna



Gira,
lentamente,
la rueda de la fortuna
y yo espero,
casi sin esperanza,
que llegue a lo más alto
y que me beses.

viernes, 7 de abril de 2017

Agua




Un cambio
(pequeño),
y todo cambia.
Ya no miro el mundo
desde el fondo del agua.
Me deslizo,
arriba,
arriba, 
aún más arriba.
Hacia la luz.
A la superficie.


miércoles, 5 de abril de 2017

Tú (y yo)


Tú,
tan lejano.
Tan lejano
y tan frío,
en tu mundo.
(Eres cálido,
tan cálido y dulce,
en el mío)

martes, 4 de abril de 2017

lunes, 3 de abril de 2017

Mariposa


Vuela
el deseo
desde el corazón 
a la punta de los dedos,
y se transforma
en mariposa.

jueves, 30 de marzo de 2017

Pájaros en la cabeza


Los pájaros migratorios 
que vienen y van, en mi cabeza,
unas veces cuervos, negros,
desde la oscuridad
de mi corazón;
otras veces, golondrinas
que silban como una cuerda de arco
y vuelan como flechas
hacia lo alto.

miércoles, 29 de marzo de 2017

La soñadora


Perdida, sola,
en mis propios sueños.
Soñando el hoy
y soñando el mañana.
Esperando, sola,
en mi propia espera
que me vengas a despertar
con un beso.


Vittorio Corcos, 'Sogni' 1896

miércoles, 22 de marzo de 2017

Luz



Ahí fuera, el mundo
es gris,
frío, 
vacío 
y oscuro.
Y, aquí dentro,
el mundo es azul,
cambiante,
como si mirara
desde el fondo del mar
hacia la superficie,
por la que se filtra
un rayo de luz.

martes, 21 de marzo de 2017

Poesía



Poesía es lo que queda
cuando no estás conmigo
y, sin embargo, siento
tus dedos en mi pelo,
tus labios en mi boca 
y tus ojos en los míos.

miércoles, 15 de marzo de 2017

El gato en la caja.



Había una vez una caja cerrada, donde no entraba la luz. Y dentro de aquella caja había un pequeño gato.
Siempre, desde que el pequeño gato podía recordar, había estado dentro de la oscuridad, en aquella caja oscura. Y como él mismo era negro, no sabía nada ni aún de sí mismo, ya que se confundía con la propia oscuridad, ni de lo que le rodeaba.
Eso no era completamente cierto. Si bien no podía ver, sus agudos sentidos, el tacto, el olfato, el oído, le decían que había algo más que aquella caja, dentro de la caja y fuera de la caja. Y tuvo el deseo de saber qué era aquello y, con mucho esfuerzo, de alguna forma logró proyectarse en el exterior. Y quedó cegado por una luz brillante. Así que bizqueó y guiñó durante un rato y por fin pudo ver a su alrededor.
Era un amplio pálido mundo, y había gatos por todas partes. 
El pequeño gato negro, o mejor dicho, el reflejo del pequeño gato negro los miró y observó y deseó poder mezclarse con ellos. Pero, bien fuera por haber permanecido dentro de la caja o por otra razón, se encontró con que no sabía como hacerlo. Así que los miró más y observó más y aprendió las convenciones sociales, los saludos y las conversaciones intrascendentes; en resumen, las respuestas adecuadas. Y todos creyeron que era un gato como cualquier otro cuando sólo era el reflejo de uno.
Y el pequeño gato negro ronroneó dentro de su caja.

jueves, 9 de marzo de 2017

Flechazo



Si un día me preguntas
diré que fue un flechazo,
que perdí el corazón
así, a primera vista,
aunque hacía ya tanto,
tanto que no recuerdo
cuando nos conocimos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

domingo, 5 de marzo de 2017

Sin invitación



Te deslizas,
de repente,
en mis sueños:
tu abrazo no sentido
me envuelve,
me entibia la boca
y me hace palpitar
el corazón.

martes, 28 de febrero de 2017

Impaciencia


Dejar correr la arena
entre los dedos,
dejar correr el agua
sobre los labios.
Impaciente,
espero,
otra vez,
la luna llena.

domingo, 26 de febrero de 2017

Matar a la marmota



La vida imita al arte, dicen. Al séptimo, para ser más exactos.

A veces, la mejor forma de explicar lo que pasa es referirse al guión de una película. En este caso podría tratarse de Atrapado en el tiempo, esa parte en la que Bill Murray se decide por el suicidio cuando se harta de repetir una y otra vez el Día de la Marmota.
Y es que llega un momento en el que lo ves venir. Así, sin anestesia ni nada. Lo ves venir, sabes lo que pasará y te aferras a la esperanza de que, a lo mejor, esta vez te estás equivocando y todo saldrá bien. Y, al final, lo único que consigues es volver a la casilla de salida, con la sensación de que has perdido algo. Y ni siquiera queda el consuelo de haber aprendido de la experiencia. Porque algo, dentro de ti, te dice que la próxima vez volverá a ocurrir lo mismo. 
Lo único que puedes hacer es agarrar a la marmota y lanzarte con ella por el precipicio más cercano lo más rápidamente posible. En la segunda cita, a más tardar. Y decir "Muchas gracias, pero no", sin dar muchos detalles. Y esperar a que Sonny y Cher vuelvan a cantar I got you, babe, el comienzo de un nuevo mismo día.

martes, 21 de febrero de 2017

Noche



La gata
adormecida, 
dentro de mi pecho,
se despereza
en un maullido mudo
y araña
el corazón.

martes, 14 de febrero de 2017

Olvido


Hubo días
en los que caminaba
prendida en tu sombra,
mi mano en la tuya,
mientras mis sentimientos
trisaban en vuelo,
como las golondrinas
en rededor. 

sábado, 11 de febrero de 2017

Bandera


A veces, he bordado una bandera,
en colores brillantes,
esperando la última puntada
para verla ondear.
Y sólo el viento
la ha querido hacer suya.




'Stitching the Standard' - Edmund Blair Leighton (1853-1922), detalle.

lunes, 6 de febrero de 2017

Nombre


Simplemente,
me asalta
el deseo de pronunciar
tu nombre.
Y lo digo, 
bajito,
susurrando,
para que nadie lo escuche.
Ni siquiera yo.

domingo, 5 de febrero de 2017

viernes, 3 de febrero de 2017

El otro


La persona 
que es sólo para mí,
la que yo busco,
o quizás la he encontrado
sin saberlo.
Esa a la que, algún día,
confiaré secretos
que ni aún yo misma
me cuento.
La que me necesite.
La que yo necesito.
Quizás me la he cruzado
o quizá nunca llegue.

martes, 31 de enero de 2017

Beso robado



Yo tenía 19 años. Lo mismo hubiera dado que tuviera 14: la misma inexperiencia, la misma timidez. Todavía estaba unida a mi antiguo colegio, a pesar de ser universitaria. Sobre todo, me unía ser parte del coro. Y el coro era mi vida, porque en el coro estaba él.
Decir que cada vez que le veía se me paraba el corazón no se ajusta a la intensidad del amor, el primer amor, que sentía por él. No sólo era el primero, sino también un amor imposible, lo que lo convertía en un objeto precioso y doloroso a partes iguales. Una siempre ha tenido un puntito de masoquista, a decir verdad. El hecho de que fuera un amor no correspondido no me preocupaba en absoluto, porque, a decir verdad, tampoco esperaba ser correspondida. Jamás se me hubiera ocurrido que él podría tener hacia mí un interés amoroso. ¿Como iba a fijarse aquel dios griego con sus preciosos ojos verdes y su maravillosa voz de barítono, que me hacía estremecer cuando pronunciaba mi nombre, en mí, pobre criatura sin ninguna gracia? Para rematar el asunto, durante tres años, los años del bachillerato, había sido mi profesor.
El coro lo había formado la profesora de música, Elvira, a la que llamábamos La Santa Inquisición porque había sido monja y todavía tenía maneras, como cuando nos tiraba a la cabeza el diapasón cuando nos reíamos en los ensayos, aunque con tan mala puntería que no daba nunca a nadie. Lo que comenzó siendo una actividad extraescolar se convirtió en una pasión para los que lo componíamos, alumnos y profesores. Y mi pasión privada, pequeñita, se acrecentó cuando él se unió. Y como era barítono y yo mezzosoprano, su sitio estaba justo detrás del mío. Y como él tenía un ánimo juguetón, siempre me tiraba del pelo, o se apoyaba en mí para leer las partituras. Y yo me sonrojaba, sintiendo su brazo sobre mi hombro, su aliento, el olor de su colonia. Era una tortura por la que me hubiera dejado matar.
Pero nada dura para siempre. Y llegó aquel diciembre en el que, tras participar en el concurso de villancicos, el coro se disolvería y se refundaría en otros dos, por problemas que no vienen al caso, y yo no estaba interesado en participar en ninguno. Así que apuré aquellos días de ensayos últimos, disfrutando cada momento a su lado, sabiendo que era muy difícil que volviéramos a estar juntos de aquella manera.
El concurso terminó. Habíamos ganado y fuimos a celebrarlo. Atestamos un bar cercano al teatro, se pidieron cervezas y raciones y comimos y bebimos juntos por última vez. 
Por fin, llegó la hora de despedirse. Salimos todos juntos al frío aire invernal y nos abrazamos unos a otros, nos dimos las manos... Cuando quise darme cuenta, estaba en sus brazos, se despedía de mí con un beso en la mejilla. No sé si fue la cerveza o la desesperación, pero cuando su rostro se acercó al mío tiré de su corbata y le planté un beso en los labios. 
Ni siquiera se inmutó. Me miró sonriente y me dio un golpecito en la cabeza con la palma de la mano. Como a una niña.



domingo, 29 de enero de 2017

Llueve



Llueve, y la calle
se vuelve bulliciosa
con la gente que corre,
o comparte un paraguas,
mientras que yo los miro
debajo del alero,
sin sentir, ni siquiera
una salpicadura.